Yuki tenía 27 años y era diseñadora gráfica en Kioto. Nunca había estado en Sudamérica. No tenía ningún motivo para pensar en Brasil.

Lucas tenía 29 años y era músico en São Paulo. Sabía tres palabras en japonés: sushi, anime y arigato. Las escribía con frecuencia en Google Traductor, por razones que ni él mismo lograba explicar del todo.

Hicieron match en Heartline un martes de octubre.


"Casi no le escribí", dice Yuki. "En su foto de perfil se le veía riendo. Me gustó esa risa. Pero pensé: no compartimos ni una sola palabra. ¿Cómo iba a funcionar esto?"

Le mandó un mensaje de todos modos. En japonés.

En la pantalla de Lucas apareció en portugués: "Tu risa parece venir de un lugar real."

Se quedó mirando el teléfono durante mucho tiempo.


Su primera llamada de voz duró cuatro horas.

"Al principio fue raro", recuerda Lucas. "Yo decía algo, luego había una pausita, y después volvía su voz, pero en japonés, obviamente, así que tampoco podía entender eso, y entonces la traducción se reproducía para mí en portugués." Se ríe. "Pero de alguna manera dejas de notarlo. Empiezas a fijarte en cómo dice las cosas, no solo en lo que significan las palabras."

Yuki lo describe de otra forma: "Sentía que hablaba con alguien que me entendía antes de que terminara de hablar."


Seis meses después, Lucas voló a Kioto.

Para entonces había aprendido unas cuarenta palabras de japonés. Yuki había aprendido menos que eso en portugués. Pasaron diez días caminando entre templos e izakayas, con los teléfonos pegados a la oreja cuando las frases se complicaban, aunque casi nunca los necesitaron.

"El idioma es una herramienta", dice Lucas. "Pero no es lo importante. Lo importante es otra cosa. No sé cuál es la palabra para eso en ningún idioma."

Yuki se ríe cuando lee eso. "Creo que la palabra es nosotros."


Siguen a distancia: de Tokio a São Paulo no es un vuelo corto. Pero se llaman todos los días. Por voz, sobre todo. A veces por video, cuando la luz del apartamento de Yuki es suave y Lucas tiene su guitarra.

"Ahora estoy aprendiendo portugués en serio", dice Yuki. "Pero creo que me enamoré antes de saber una sola palabra. ¿Es raro?"

No más raro que todo lo demás que Heartline hace posible.

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